Poemas de Jos� Mart�

�NDICE
VUELTA A LA P�GINA PRINCIPAL
| Cultivo una Rosa Blanca | Versos Sencillos |
| Homomagno | Yugo y Estrella |
| Amor de Ciudad Grande | Principe Enano |
| Musa Traviesa | Penachos V�vidos |
| Versos Libres | Canto de Oto�o |
| La Ni�a de Guatemala | |
Cultivo una rosa blanca
En Junio como en Enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
El coraz�n con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.
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Versos Sencillos
Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma.
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy.
Yo s� los nombres extra�os
De las yerbas y las flores,
Y de mortales enga�os,
Y de sublimes dolores.
Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.
Alas nacer vi en los hombros
De las mujeres hermosas:
Y salir de los escombros
Volando las mariposas.
He visto vivir a un hombre
Con el pu�al al costado,
Sin decir jam�s el nombre
De aquella que lo ha matado.
R�pida, como un reflejo,
Dos veces vi el alma, dos:
Cuando muri� el pobre viejo,
Cuando ella me dijo adi�s.
Tembl� una vez en la reja,
A la entrada de la vi�a.
Cuando la b�rbara abeja
Pic� en la frente a mi ni�a.
Goc� una vez, de tal suerte
Que goc� cual nunca: --cuando
La sentencia de mi muerte
Ley� el alcalde llorando.
Oigo un suspiro, a trav�s
De las tierras y la mar,
Y no es un suspiro, --es
Que mi hijo va a despertar.
Si dicen que del joyero
Tome la joya mejor
Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor.
Yo he visto al �guila herida
Volar al azul sereno,
Y morir en su guarida
La v�bora del veneno.
Yo s� bien que cuando el mundo
Cede, l�vido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Murmura el arroyo manso.
Yo he puesto la mano osada
De horror y j�bilo yerta,
Sobre la estrella apagada
Que cay� frente a mi puerta.
Oculto en mi pecho bravo
La pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
Vive por �l, calla, y muere.
Todo es hermoso y constante,
Todo es m�sica y raz�n,
Y todo, como el diamante,
Antes que luz es carb�n.
Yo s� que el necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto,--
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.
Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un �rbol marchito
Mi muceta de doctor.
V
Si ves un monte de espumas,
Es mi verso lo que ves:
Mi verso es un monte, y es
Un abanico de plumas.
Mi verso es como un pu�al
Que por el pu�o echa flor:
Mi verso es un surtidor
Que da un agua de coral.
Mi verso es de un verde claro
Y de un carm�n encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
Mi verso al valiente agrada:
Mi verso, breve y sincero,
Es del vigor del acero
Con que se funde la espada.
X
El alma tr�mula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina espa�ola.
Han hecho bien en quitar
El bander�n de la acera;
Porque si est� la bandera,
No s�, yo no puedo entrar.
Ya llega la bailarina:
Soberbia y p�lida llega:
�C�mo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.
Lleva un sombrero torero
Y una capa carmes�:
�Lo mismo que un alel�!
Que se pusiese un sombrero!
Se ve, de paso, la ceja,
Ceja de mora traidora:
Y la mirada, de mora:
Y como nieve la oreja.
Preludian, bajan la luz,
Y sale en bata y mant�n,
La virgen de la Asunci�n
Bailando un baile andaluz.
Alza, retando, la frente;
Cr�zase al hombre la manta:
En arco el brazo levanta:
Mueve despacio el pie ardiente.
Repica con los tacones
El tablado zalamera,
Como si la tabla fuera
Tablado de corazones.
Y va el convite creciendo
En las llamas de los ojos,
Y el manto de flecos rojos
Se va en el aire meciendo.
S�bito, de un salto arranca:
H�rtase, se quiebra, gira:
Abre en dos la cachemira,
Ofrece la bata blanca.
El cuerpo cede y ondea;
La boca abierta provoca;
Es un rosa la boca:
Lentamente taconea.
Recoge, de un d�bil giro,
El manto de flecos rojos:
Se va, cerrando los ojos,
Se va, como en un suspiro...
Baila muy bien la espa�ola;
Es blanco y rojo el mant�n:
�Vuelve, fosca a su rinc�n,
El alma tr�mula y sola!
XI
Yo tengo un paje muy fiel
Que me cuida y que me gru�e,
Y al salir, me limpia y bru�e
Mi corona de laurel.
Yo tengo un paje ejemplar
Que no come, que no duerme,
Y que se acurruca a verme
Trabajar, y sollozar.
Salgo, y el vil se desliza
Y en mi bolsillo aparece;
Vuelvo, y el terco me ofrece
Una taza de ceniza.
Si duermo, al rayar el d�a
Se sienta junto a mi cama:
Si escribo, sangre derrama
Mi paje en la escriban�a.
Mi paje, hombre de respeto,
Al andar casta�etea:
Hiela mi paje, y chispea:
Mi paje es un esqueleto.
XVIII
Es rubia: el cabello suelto
Da m�s luz al ojo moro:
Voy, desde entonces, envuelto
En un torbellino de oro.
La abeja estival que zumba
M�s �gil por la flor nueva,
No dice, como antes, "tumba":
"Eva" dice: todo es "Eva".
Bajo, en lo oscuro, al temido
Raudal de la catarata:
�Y brilla el iris, tendido
Sobre las hojas de plata!
Miro, ce�udo, la agreste
Pompa del monte irritado;
�Y en el alma azul celeste
Brota un jacinto rosado!
Voy, por el bosque, a paseo
A la laguna vecina:
Y entre las ramas la veo,
Y por el agua camina.
La serpiente del jard�n
Silva, escupe, y se resbala
Por su agujero: el clar�n
Me tiende, trinando, el ala.
�Arpa soy, salterio soy
Donde vibra el Universo:
Vengo del sol, y al sol voy:
Soy el amor: soy el verso!
XII
Estoy en el baile extra�o
De polaina y casaqu�n
Que dan, del a�o hacia el fin,
Los cazadores del a�o.
Una duquesa violeta
Va con un frac colorado:
Marca un vizconde pintado
El tiempo en la pandereta.
Y pasan las chupas rojas;
Pasan los tules de fuego,
Como delante de un ciego
Pasan volando las hojas.
XLV
Sue�o con claustros de m�rmol
Donde en silencio divino
Los h�roes, de pie, reposan:
�De noche, a la luz del alma,
Hablo con ellos: de noche!
Est�n en fila: paseo
Entre las filas: las manos
De piedra les beso: abren
Los ojos de piedra: mueven
Los labios de piedra: tiemblan
Las barbas de piedra: empu�an
La espada de piedra: lloran:
�Vibra la espada en la vaina!:
Mudo, les beso la mano.
Hablo con ellos, de noche!
Est�n en fila: paseo
Entre las filas: lloroso
Me abrazo a un m�rmol: "Oh m�rmol,
Dicen que beben tus hijos
Su propia sangre en las copas
Venenosas de sus due�os!
Que hablan la lengua podrida
De sus rufianes! que comen
Juntos el pan del oprobio,
En la mesa ensangrentada!!
Que pierden en lengua in�til
El �ltimo fuego!: �dicen,
Oh m�rmol, m�rmol dormido,
Que ya se ha muerto tu raza!"
�chame en tierra de un bote
El h�roe que abrazo: me ase
Del cuello: barre la tierra
Con mi cabeza: levanta
El brazo, �el brazo le luce
Lo mismo que un sol!: resuena
La piedra: buscan el cinto
Las manos blancas: del soclo
Saltan los hombres de m�rmol!
XLVI
Vierte, coraz�n, tu pena
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.
Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.
T� me sufres, t� aposentas
En tu regazo amoroso,
Todo mi ardor doloroso,
Todas mis ansias y afrentas.
T�, porque yo pueda en calma
Amar y hacer bien, consientes
En enturbiar tus corrientes
En cuanto me agobia el alma.
T�, porque yo cruce fiero
La tierra, y sin odio, y puro,
Te arrastras, p�lido y duro,
Mi amoroso compa�ero.
Mi vida as� se encamina
Al cielo limpia y serena,
Y t� me cargas mi pena
Con tu paciencia divina.
Y porque mi cruel costumbre
De echarme en ti te desv�a
De tu dichosa armon�a
Y natural mansedumbre;
Porque mis penas arrojo
Sobre tu seno, y lo azotan,
Y tu corriente alborotan,
Y ac� l�vido, all� rojo,
Blanco all� como la muerte,
Ora arremetes y ruges,
Ora con el peso crujes
De un dolor m�s que t� fuerte.
�Habr�, como me aconseja
Un coraz�n mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca deja?
�Verso, nos hablan de un Dios
A donde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!
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La
Ni�a de Guatemala
Quiero, a la sombra de un ala,
Contar este cuento en flor:
La ni�a de Guatemala,
La que se muri� de amor.
Eran de lirios los ramos,
Y las orlas de reseda
Y de jazm�n: la enterramos
En una caja de seda.
...Ella dio al desmemoriado
Una almohadilla de olor:
El volvi�, volvi� casado:
Ella se muri� de amor.
Iban carg�ndola en andas
Obispos y embajadores:
Detr�s iba el pueblo en tandas,
Todo cargado de flores.
...Ella, por volverlo a ver,
Sali� a verlo al mirador:
El volvi� con su mujer:
Ella se muri� de amor.
Como de bronce candente
Al beso de despedida
Era su frente �la frente
Que m�s he amado en mi vida!
...Se entr� de tarde en el r�o,
La sac� muerta el doctor:
Dicen que muri� de fr�o:
Yo s� que muri� de amor.
All�, en la b�veda helada,
La pusieron en dos bancos:
Bes� su mano afilada,
Bes� sus zapatos blancos.
Callado, al oscurecer,
Me llam� el enterrador:
�Nunca m�s he vuelto a ver
A la que muri� de amor!
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Pr�ncipe Enano
Para un pr�ncipe enano !Venga mi caballero
Se hace esta fiesta. Por esta senda!
Tiene guedejas rubias, !Entrese mi tirano
Blandas guedejas; Por esta cueva!
Por sobre el hombro blanco Tal es, cuando a mis ojos
Luengas le cuelgan. Su imagen llega,
Sus dos ojos parecen Cual si en l�brego antro
Estrellas negras: P�lida estrella
!Vuelan, brillan, palpitan, Con fulgores de �palo
Relampaguean! Todo vistiera.
El para m� es corona, A su paso la sombra
Almohada, espuela. Matices muestra,
Mi mano, que as� embrida Como al sol que las hiere
Potros y hienas, Las nubes negras.
Va, mansa y obediente, !Heme ya , puesto en armas,
Donde �l la lleva. En la pelea!
Si el ce�o frunce, temo; Quiere el pr�ncipe enano
Si se me queja,- Que a luchar vuelva:
Cual de mujer, mi rostro !El para m� es corona,
Nieve se trueca: Almohada, espuela!
Su sangre, pues, anima Y como el sol, quebrando
Mis flacas venas: Las nubes negras,
!Con su gozo mi sangre En banda de colores
Se hincha, o se seca! La sombra trueca,-
Para un pr�ncipe enano El, al tocarla, borda
Se hace esta fiesta. En la onda espesa,
Mi banda de batalla !Entrese mi tirano
Roja y violeta. Por esta cueva!
�Con que mi due�o quiere !D�jeme que la vida
Que a vivir vuelva? A �l, a �l le ofrezca!
!Venga mi caballero Para un pr�ncipe enano
Por esta senda! Se hace esta fiesta.
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Musa Traviesa
Mi musa? Es un diablillo Cont�ndolo, me inunda
Con ala de �ngel. Un gozo grave:-
!Ah, musilla traviesa, Y cual si el monte alegre,
Qu� vuelo trae! Queriendo holgarse
Al alba enamorando
Yo suelo, caballero Con voces �giles,
En sue�os graves, Sus hilillos sonoros
Cabalgar horas luengas Desanudase,
Sobre los aires. Y salpicando riscos,
Me entro en nubes rosadas, Labrando esmaltes,
Bajo a hondos mares, Refrescando sedientas
Y en los senos eternos C�lidas cauces,
Hago viajes. Ech�ralos risue�os
All� asisto a la inmensa Por falda y valle, -
Boda inefable, As�, al alba del alma
Y en los talleres huelgo Regocij�ndose,
De la luz madre: Mi esp�ritu encendido
Y con ella es la oscura Me echa a raudales
Vida, radiante, Por las mejillas secas
Y a mis ojos los antros L�grimas suaves.
Son nidos de �ngeles! Me siento, cual si en magno
Al viajero del cielo Templo oficiase:
�Qu� el mundo fr�gil? Cual si mi alma por mirra
Pues, �no saben los hombres Virtiese al aire;
Qu� encargo traen? Cual si en mi hombro surgieran
!Rasgarse el bravo pecho, Fuerzas de Atlante;
Vaciar su sangre, Cual si el sol en mi seno
Y andar, andar heridos La luz fraguase: -
Muy largo valle, !Y estallo, hiervo, vibro,
Roto el cuerpo en harapos, Alas me nacen!
Los pies en carne,
Hasta dar sonriendo Suavemente la puerta
-!No en tierra!- ex�nimes! Del cuarto se abre,
Y entonces sus talleres Y �ntranse a �l gozosos
La luz les abre, Luz, risas, aire.
Y ven lo que yo veo: Al par da el sol en mi alma
�Qu� el mundo fr�gil? Y en los cristales:
Seres hay de monta�a, !Por la puerta se ha entrado
seres de valle, Mi diablo �ngel!
Y seres de pantanos �Qu� fue de aquellos sue�os,
Y lodazales. De mi viaje,
Del papel amarillo,
De mis sue�os desciendo, Del llanto suave?
Volando vanse, Cual si de mariposas
Y en papel amarillo Tras gran combate
Cuento el viaje. Volaran alas de oro
Por tierra y aire, Mis libros lance,
As� vuelan las hojas Y si�ntese magn�fico
Do cuento el trance. Sobre el desastre,
Hala ac� el travesuelo Y mu�streme riendo,
Mi pa�o �rabe; Roto el encaje-
All� monta en el lomo -!Qu� encaje no se rompe
De un incunable; En el combate!-
Un carcax con mis plumas Su cuello, en que la risa
Fabrica y �tase; Gruesa onda hace!
Un s�lex persiguiendo Venga, y por cauce nuevo
Vuelca un estante, Mi vida lance,
Y !all� ruedan por tierra Y a mis manos la vieja
Versillos fr�giles, P��ola arranque,
Brumosos pensadores, Y del vaso manchado
L�peos galanes! La tinta vacie!
De �guilas diminutas !Vaso puro de n�car:
Pu�blase el aire: Dame a que harte
!Son las ideas, que ascienden, Esta sed de pureza:
Rotas sus c�rceles! Los labios c�nsame!
�Son �stas que lo envuelven
Del muro arranca, y c��ese, Carnes, o n�cares?
Indio plumaje: La risa, como en taza
Aquella que me dieron De �nice �rabe,
De oro brillante, En su inc�lume seno
Pluma, a marcar nacida Bulle triunfante:
Frentes infames, !Hete aqu�, hueso p�lido,
De su caja de seda Vivo y durable!
Saca, y la blande: Hijo soy de mi hijo!
Del sol a los requiebros El me rehace!
Brilla el plumaje,
Que ba�a en a�reas tintas Pudiera yo, hijo m�o,
Su audaz semblante. Quebrando el arte
De ambos lados el rubio Universal, muriendo
Cabello al aire, Mis a�os d�ndote,
A m� s�bito vi�nese Envejecerte s�bito,
A que lo abrace. La vida ahorrarte!-
De beso en beso escala Mas no: que no ver�as
Mi mesa fr�gil; En horas graves
!Oh, Jacob, mariposa, Entrar el sol al alma
Isma�lillo, �rabe! Y a los cristales!
�Qu� ha de haber que me guste Hierva en tu seno puro
Como mirarle Risa asonante:
De entre polvo de libros Rueden pliegues abajo
Surgir radiante, Libros exang�s:
Y, en vez de acero, verle Sube, Jacob alegre,
De pluma armarse, La escala suave:
Y buscar en mis brazos Ven, y de beso en beso
Tregua al combate? Mi mesa asaltes:-
Venga, venga Ismaelillo: !Pues �sa es mi musilla,
La mesa asalte, Mi diablo �ngel!
Y por los anchos pliegues !Ah, musilla traviesa,
Del pa�o �rabe Qu� vuelo trae!
En rota vergonzosa
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Penachos V�vidos
Como taza en que hierve Ora en carreras locas,
De transparente vino O en sonoros relinchos,
En doradas burbujas O sacudiendo el aire
El generoso esp�ritu; El crinaje magn�fico;-
Como inquieto mar joven Asi mis pensamientos
Del cauce nuevo henchido Rebosan en m� vividos,
Rebosa, y por las playas Y en crespa espuma de oro
Bulle y muere tranquilo; Besan tus pies sumisos,
O en f�lgidos penachos
Como manada alegre De varios tintes ricos,
De bellos potros vivos Se mecen y se inclinan
Que en la ma�ana clara Cuando t� pasas -hijo!
Muestran su regocijo,
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Valle Lozano
D�game mi labriego Otros, con dagas grandes
�C�mo es que ha andado Mi pecho araron:
En esta noche l�brega Pues, �qu� hierro es el tuyo
Este hondo campo? Que no hace da�o?
D�game de qu� flores Y esto dije -y el ni�o
Unt� el arado Riendo me trajo
Que la tierra olorosa En sus dos manos blancas
Trasciende a nardos? Un beso casto.
D�game de qu� r�os
Reg� ese prado,
Que era un valle muy negro
Y ora es lozano?
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Versos Libres
Hierro
Ganado tengo el pan: h�gase el verso,-
Y en su comercio dulce se ejercite
La mano, que cual pr�fugo perdido
Entre oscuras malezas, o quien lleva
A rastra enorme peso, andaba ha poco
Sumas hilando y revolviendo cifras.
Bardo �consejo quieres? Pues descuelga
de la p�lida espalda ensangrentada
El arpa d�vea, acalla los sollozos
Que a tu garganta como mar en furia
Se agolpar�n, y en la madera rica
Taja plumillas de escritorio y echa
Las cuerdas rotas al movible viento.
� Oh alma!, �oh, alma buena! �mal oficio
Tienes!: �p�strate, calla, cede, lame
Manos de potentado, ensalza, excusa
Defectos, tenlos que es mejor manera
De excusarlos, y mansa y temerosa
Vicios celebra, encumbra vanidades:
Ver�s entonces, alma, cu�l se trueca
En plato de oro rico tu desnudo
Plato de pobre!
Pero guarda �oh alma!
�Que usan los hombres hoy oro empa�ado!
Ni de esos cures, que fabrican de oro
Sus joyas el brib�n y el barbilindo:
Las armas no, -las armas son de hierro!
Mi mal es rudo: la ciudad lo encona:
Lo alivia el campo inmenso: �otro m�s vasto
Lo aliviar� mejor! Y las oscuras
Tardes me atraen, cual si mi patria fuera
La dilatada sombra.
Era yo ni�o-
Y con filial amor miraba al cielo,
�Cu�n pobre a mi avaricia el descuidado
Cari�o del hogar! �Cu�n tristemente
Ba�ado el rostro ansioso en llanto largo
Con mis �vidos ojos persegu�a
La madre austera, el padre pensativo
Sin que jam�s los labios ardorosos
Del coraz�n voraz la sed saciasen.
� Oh verso amigo,
Muero de soledad, de amor me muero!
No de vulgar amor; estos amores
Envenenan y ofuscan: no es hermosa
La fruta en la mujer, sino la estrella
La tierra ha de ser luz, y todo vivo
Debe en torno de s� dar lumbre de astro.
� oh, estas damas de muestra � �oh, estas copas
de carne! �oh, estas siervas, ante el due�o
que las ennjoya y que las nutre echadas!
� te digo, oh verso, que los dientes duelen
de comer de esta carne!
Es de inefable
Amor del que yo muero, -del muy dulce
Menester de llevar, como se lleva
Un ni�o tierno en las cuidadosas manos,
Cuanto de bello y triste ven mis ojos.
Del sue�o, que las fuerzas no repara
Sino de los dichosos, y a los tristes
El duro humor y la fatiga aumenta,
Salto, al Sol, como un ebrio. Con las manos
Mi frente oprimo, y de los turbios ojos
Brota raudal de l�grimas. � Y miro
El Sol tan bello y mi desierta alcoba,
Y mi virtud in�til, y las fuerzas
Que cual tropel fam�lico de hirsutas
Fieras saltan de m� buscando empleo;
Y el aire hueco palpo, y en el muro
Fr�o y desnudo el cuerpo vacilante
Apoyo, y en el cr�neo estremecido
En agon�a flota el pensamiento,
Cual le�o de bajel despedazado
Que el mar en furia a playa ardiente arroja!
� Y echo a andar, como un muerto que camina,
Loco de amor, de soledad, de espanto!
�Amar, agobia! �es t�sigo el exceso
de amor! Y la prestada casa oscila
Cual barco en tempestad: en el destierro
Na�frago es todo hombre, y toda casa
Inseguro bajel, al mar vendido!
�S�lo las flores del paterno prado
Tienen olor! �S�lo las seibas patrias
Del sol amparan! Como en vaga nube
Por suelo extra�o se anda; las miradas
Injurias nos parecen, y el sol mismo,
�M�s que en grato calor, enciende en ira!
�No de voces queridas puebla el eco
los aires de otras tierras: y no vuelan
del arbolar espeso entre las ramas
los p�lidos esp�ritus amados!
De carne viva y profanadas frutas
Viven los hombres, -�ay! mas el proscripto
� De sus entra�as propias se alimenta!
� Tiranos: desterrad a los que ancalzan
el honor de vuestro odio: ya son muertos!
Valiera m�s � oh barbaros! que al punto
De arrebatarlos al hogar, hundiera
En lo m�s hondo de su pecho honrado
Vuestro esbirro m�s cruel su hoja m�s dura!
Grato es morir, horrible, vivir muerto.
Mas no! mas no! La dicha es una prenda
De compasi�n de la fortuna al triste
Que no sabe domarla: a sus mejores
Hijos desgracias da naturaleza:
Fecunda el hierro al llano, el golpe al hierro!
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Canto de Oto�o
Bien; ya lo s�!: -la muerte est� sentada
A mis umbrales: cautelosa viene,
Porque sus llantos y su amor no apronten
En mi defensa, cuando lejos viven
Padres e hijo.-al retornar ce�udo
De mi est�ril labor, triste y oscura,
Con que a mi casa del invierno abrigo,
De pie sobre las hojas amarillas,
En la mano fatal la flor del sue�o,
La negra toca en alas rematada,
�vido el rostro, - tr�mulo la miro
Cada tarde aguard�ndome a mi puerta
En mi hijo pienso, y de la dama oscura
Huyo sin fuerzas devorado el pecho
De un fren�tico amor! Mujer m�s bella
No hay que la muerte!: por un beso suyo
Bosques espesos de laureles varios,
Y las adelfas del amor, y el gozo
De remembrarme mis ni�eces diera!
...Pienso en aqu�l a quien el amor culpable
trajo a vivir, - y, sollozando, esquivo
de mi amada los brazos: - mas ya gozo
de la aurora perenne el bien seguro.
Oh, vida, adios: - quien va a morir, va muerto.
Oh, duelos con la sombra: oh, pobladores
Ocultos del espacio: oh formidables
Gigantes que a los vivos azorados
Mueren, dirigen, postran, precipitan!
Oh, c�nclave de jueces, blandos s�lo
A la virtud, que nube tenebrosa,
En grueso manto de oro recogidos,
Y duros como pe�a, aguardan torvos
A que al volver de la batalla rindan
-como el frutal sus frutos-
de sus obras de paz los hombres cuenta,
de sus divinas alas!... de los nuevos
�rboles que sembraron, de las tristes
l�grimas que enjugaron, de las fosas
que a los tigres y v�voras abrieron,
y de las fortalezas eminentes
que al amor de los hombres levantaron!
�esta es la dama, el Rey, la patria, el premio
apetecido, la arrogante mora
que a su brusco se�or cautiva espera
llorando en la desierta espera barbacana!:
este el santo Salem, este el Sepulcro
de los hombres modernos:-no se vierta
m�s sangre que la propia! No se bata
sino al que odia el amor! �njase presto
soldados del amor los hombres todos!:
la tierra entera marcha a la conquista
De este Rey y se�or, que guarda el cielo!
...Viles: el que es traidor a sus deberes.
Muere como traidor, del golpe propio
De su arma ociosa el pecho atravesado!
�Ved que no acaba el drama de la vida
En esta parte oscura! �Ved que luego
Tras la losa de m�rmol o la blanda
Cortina de humo y c�sped se reanuda
El drama portentoso! �y ved, oh viles,
Que los buenos, los tristes, los burlados,
Ser�n een la otra parte burladores!
Otros de lirio y sangre se alimenten:
�Yo no! �yo no! Los l�bregos espacios
rasgu� desde mi infancia con los tristes
Penetradores ojos: el misterio
En una hora feliz de sue�o acaso
De los jueces as�, y am� la vida
Porque del doloroso mal me salva
De volverla a vivi. Alegremente
El peso ech� del infortunio al hombro:
Porque el que en huelga y regocijo vive
Y huye el dolor, y esquiva las sabrosas
Penas de la virtud, ir� confuso
Del fr�o y torvo juez a la sentencia,
Cual soldado cobarde que en herrumbre
Dej� las nobles armas; �y los jueces
No en su dosel lo amparar�n, no en brazos
Lo encumbrar�n, mas lo echar�n altivos
A odiar, a amar y a batallar de nuevo
En la fogosa y sofocante arena!
�Oh! �qu� mortal que se asom� a la vida
vivir de nuevo quiere? ...
Puede ansiosa
La Muerte, pues, de pie en las hojas secas,
Esperarme a mi umbral con cada turbia
Tarde de Oto�o, y silenciosa puede
Irme tejiendo con helados copos
Mi manto funeral.
No di al olvido
Las armas del amor: no de otra p�rpura
Vest� que de mi sangre.
Abre los brazos, listo estoy, madre Muerte:
Al juez me lleva!
Hijo!...Qu� imagen miro? qu� llorosa
Visi�n rompe la sombra, y blandamente
Como con luz de estrella la ilumina?
Hijo!... qu� me demandan tus abiertos
Brazos? A qu� descubres tu afligido
Pecho? Por qu� me muestran tus desnudos
Pies, a�n no heridos, y las blancas manos
Vuelves a m�?
Cesa! calla! reposa! Vive: el padre
No ha de morir hasta que la ardua lucha
Rico de todas armas lance al hijo!-
Ven, oh mi hijuelo, y que tus alas blancas
De los abrazos de la muerte oscura
Y de su manto funeral me libren!
BOSQUE DE ROSAS
All� despacio te dir� mis cuitas;
All� en tu boca escribir� mis versos!�
Ven, que la soledad ser� tu escudo!
Pero, si acaso lloras, en tus manos
Esconder� mi rostro, y con mis l�grimas
Borrar� los extra�os versos m�os.
Sufrir �t� a quien yo amo, y ser yo el casco
Brutal, y t�, mi amada, el lirio roto?
Oh, la sangre del alma, t� la has visto?
Tiene manos y voz, y al que la vierte
Eternamente entre la sombra acusa.
�Hay cr�menes ocultos, y hay cad�veres
De almas, y hay villanos matadores!
Al bosque ven: del roble m�s erguido
Un pil�n labremos, y en el pil�n
Cuantos enga�en a mujer pongamos!
Esta es la lidia humana: la tremenda
Batalla de los cascos y los lirios!
Pues los hombres soberbios �no son fieras?
Bestias y fieras! Mira, aqu� te traigo
Mi bestia muerta, y mi furor domado.�
Ven, a callar; a murmurar; al ruido
De las hojas de Abril y los nidales.
Deja, oh mi amada, las paredes mudas
De esta casa ahoyada y ven conmigo
No al mar que bate y ruge sino al bosque
De rosas que hay al fondo de la selva.
All� es buena la vida, porque es libre�
Y la virtud, por libre, ser� cierta,
Por libre, mi respeto meritorio.
Ni el amor, si no es libre, da ventura.
�Oh, gentes ruines, las que en calma gozan
De robados amores! Si es ajeno
El cari�o, el placer de respetarlo
Mayor mil veces es que el de su goce;
Del buen obrar �qu� orgullo al pecho queda
Y c�mo en dulces l�grimas rebosa,
Y en extra�as palabras, que parecen
Aleteos, no voces! Y �qu� culpa
La de fingir amor! Pues hay tormento
Como aqu�l, sin amar, de hablar de amores!
Ven, que all� triste ir�, pues yo me veo!
Ven, que la soledad ser� tu escudo!
FLORES DEL CIELO
Le� estos versos de Ronsard:
�Je vous envoie un bouquet que ma main
Vient de trier de ces fleurs �panouies�,
y escrib� esto:
Flores? No quiero flores! Las del cielo
Quisiera yo segar!
Cruja, cual falda
De monte roto, esta cansada veste
Que me encinta y engrilla con sus miembros
Como con sierpes,� y en mi alma sacian
Su hambre, y asoman a la cueva l�brega
Donde mora mi esp�ritu, su negra
Cabeza, y boca roja y sonriente!�
Caiga, como un encanto, este tejido
Enmara�ado, de ra�ces! �Surjan
Donde mis brazos alas,� y parezca
Que, al ascender por la solemne atm�sfera,
De mis ojos, del mundo a que van llenos,
R�os de luz sobre los hombres rueden!
Y huelguen por los h�medos jardines
Bardos tibios segando florecillas:�
Yo, p�lido de amor, de pie en las sombras,
Envuelto en gigantesca vestidura
De lumbre astral, en mi jard�n, el cielo,
Un ramo har� magn�fico de estrellas:
�No temblar� de asir la luz mi mano!;
Y buscar�, donde las nubes duermen,
Amada, y en su seno la m�s viva
Le prender�, y esparcir� las otras
Por su �urea y vaporosa cabellera.
COPA CICL�PEA
El sol alumbra: ya en los aires miro
La copa amarga: ya mis labios tiemblan,
�No de temor, que prostituye,� de ira!...
El Universo, en las ma�anas alza
Medio dormido a�n de un dulce sue�o
En las manos la tierra perezosa,
Copa inmortal, donde
Hierven al sol las fuerzas de la vida!�
Al ni�o triscador, al venturoso
De alma tibia y mediocre, a la fragante
Mujer que con los ojos desmayados
Abrirse ve en el aire extra�as rosas,
Iris la tierra es, roto en colores,�
Raudal que juvenece, y rueda limpio
Por perfumado llano, y al retozo
Y al desmayo despu�s pl�cido brinda!�
Y para m�, porque a los hombres amo
Y mi gusto y mi bien terco descuido,
La tierra melanc�lica aparece
Sobre mi frente que la vida bate,
De l�gubre color inmenso yugo!
La frente encorvo, el cuello manso inclino,
Y, con los labios apretados, muero.
POMONA
Oh, ritmo de la carne, oh melod�a,
Oh licor vigorante, oh filtro dulce
De la hechicera forma! �no hay milagro
En el cuento de L�zaro, si Cristo
Llev� a su tumba una mujer hermosa!
Qu� soy� qui�n es, sino Memn�n en donde
Toda la luz del Universo canta,�
Y cauce humilde en que van revueltas,
Las eternas corrientes de la vida? �
Iba,� como arroyuelo que cansado
De regar plantas �speras fenece,
Y, de amor por el Sol noble transido,
A su fuego con gozo se evapora:
Iba, �cual jarra que el licor ligero
Hinche, sacude, en el fermento rompe,
Y en silenciosos hilos abandona:
Iba,� cual gladiador que sin combate
Del inc�lume escudo ampara el rostro
Y el cuerpo rinde en la ignorada arena
...Y s�bito,� las fuerzas juveniles
De un nuevo mar, el pecho rebosante
Hinchen y embargan,� el cansado br�o
Arde otra vez,� y puebla el aire sano
M�sica suave y blando olor de mieles!
Porque a mis ojos los fragantes brazos
En arm�nico gesto alz� Pomona.
MEDIA NOCHE
Oh, qu� verg�enza!: �El sol ha iluminado
La tierra: el amplio mar en sus entra�as
Nuevas columnas a sus naves rojas
Ha levantado: el monte, granos nuevos
Junt� en el curso del solemne d�a
A sus jaspes y bre�as: en el vientre
De las aves y bestias nuevos hijos
Vida, que es forma, cobran: en las ramas
Las frutas de los �rboles maduran:�
Y yo, mozo de gleba, he puesto s�lo,
Mientras que el mundo gigantesco crece,
Mi jornal en las ollas de la casa!
Por Dios, que soy un vil!:� No en vano el sue�o
A mis p�lidos ojos es negado!
No en vano por las calles titubeo
Ebrio de un vino amargo, cual quien busca
Fosa ignorada donde hundirse, y nadie
Su crimen grande y su ignominia sepa!
No en vano el coraz�n me tiembla ansioso
Como el pecho sin calma de un malvado!
El cielo, el cielo, con sus ojos de oro
Me mira, y ve mi cobard�a, y lanza
Mi cuerpo fugitivo por la sombra
Como quien loco y desolado huye
De un vigilante que en s� mismo lleva!
La tierra es soledad! la luz se enfr�a!
Adonde ir� que este volcan se apague?
Adonde ir� que el vigilante duerma?
Oh, sed de amor! �oh, coraz�n, prendado
De cuanto vivo el Universo habita;
Del gusanillo verde en que se trueca
La hoja del �rbol: �del rizado jaspe
En que las ondas de la mar se cuajan:�
De los �rboles presos, que a los ojos
Me sacan siempre l�grimas: �del lindo
Brib�n gentil que con los pies desnudos
En fango o nieve, diario o flor pregona.
Oh, coraz�n, �que en el carnal vestido
No hierros de hacer oro, ni belfudos
Labios glotones y sensuosos mira,�
Sino corazas de batalla, y hornos
Donde la vida universal fermenta!�
Y yo, pobre de m�!, preso en mi jaula,
La gran batalla de los hombres miro!�
[1878]
YUGO Y ESTRELLA
Cuando nac�, sin sol, mi madre dijo:
�Flor de mi seno, Homagno generoso
De m� y de la Creaci�n suma y reflejo,
Pez que en ave y corcel y hombre se torna,
Mira estas dos, que con dolor te brindo,
Insignias de la vida: ve y escoge.
�ste, es un yugo: quien lo acepta, goza:
Hace de manso buey, y como presta
Servicio a los se�ores, duerme en paja
Caliente, y tiene rica y ancha avena.
�sta, oh misterio que de m� naciste
Cual la lumbre naci� de la monta�a,
�sta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de cr�menes cargado,
Todo el que lleva luz, se queda solo.
Pero el hombre que al buey sin pena imita,
Buey vuelve a ser, y en apagado bruto
La escala universal de nuevo empieza.
El que la estrella sin temor se ci�e,
Como que crea, crece!
Cuando al mundo
De su copa el licor vaci� ya el vivo:
Cuando, para manjar de la sangrienta
Fiesta humana, sac� contento y grave
Su propio coraz�n: cuando a los vientos
De Norte y Sur virti� su voz sagrada,�
La estrella como un manto, en luz lo envuelve,
Se enciende, como a fiesta, el aire claro,
Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,
Se oye que un paso m�s sube en la sombra!
�Dame el yugo, oh mi madre, de manera
Que puesto en �l de pie, luzca en mi frente
Mejor la estrella que ilumina y mata.
ISLA FAMOSA
Aqu� estoy, solo estoy, despedazado.
Ruge el cielo: las nubes se aglomeran,
Y aprietan, y ennegrecen, y desgajan:
Los vapores del mar la roca ci�en:
Sacra angustia y horror mis ojos comen:
A qu�, Naturaleza embravecida,
A qu� la esteril soledad en torno
De quien de ansia de amor rebosa y muere?
D�nde, Cristo sin cruz, los ojos pones?
D�nde, oh sombra enemiga, d�nde el ara
Digna por fin de recibir mi frente?
En pro de qui�n derramar� mi vida?
�Rasg�se el velo: por un tajo ameno
De claro azul, como en sus lienzos abre
Entre mazos de sombra D�az famoso,
El hombre triste de la roca mira
En lindo campo tropical, galanes
Blancos, y Venus negras, de unas flores
F�tidas y fangosas coronados:
Danzando van: a cada giro nuevo
Bajo los muelles pies la tierra cede!
Y cuando en ancho beso los gastados
Labios sin lustre ya, tr�mulos juntan,
S�ltanle de los labios agoreras
Aves tintas en hiel, aves de muerte.
SED DE BELLEZA
Solo, estoy solo: viene el verso amigo,
Como el esposo diligente acude
De la erizada t�rtola al reclamo.
Cual de los altos montes en deshielo
Por bre�as y por valles en copiosos
Hilos las nieves desatadas bajan�
As� por mis entra�as oprimidas
Un bals�mico amor y una avaricia
Celeste de hermosura se derraman.
Tal desde el vasto azul, sobre la tierra,
Cual si de alma de virgen la sombr�a
Humanidad sangrienta perfumasen,
Su luz benigna las estrellas vierten
Esposas del silencio! �y de las flores
Tal el aroma vago se levanta.
Dadme lo sumo y lo perfecto: dadme
Un dibujo de Angelo: una espada
Con pu�o de Cellini, m�s hermosa
Que las techumbres de marfil calado
Que se place en labrar Naturaleza.
El cr�neo augusto dadme donde ardieron
El universo Hamlet y la furia
Tempestuosa del moro: �la manceba
India que a orillas del ameno r�o
Que del viejo Chich�n los muros ba�a
A la sombra de un pl�tano pomposo
Y sus propios cabellos, el esbelto
Cuerpo bru�ido y n�tido enjugaba.
Dadme mi cielo azul... dadme la pura
Alma de m�rmol que al soberbio Louvre
Dio, cual su espuma y flor, Milo famosa.
�OH, MARGARITA!
Una cita a la sombra de tu oscuro
Portal donde el friecillo nos convida
A apretarnos los dos, de tan estrecho
Modo, que un solo cuerpo los dos sean:
Deja que el aire zumbador resbale,
Cargado de salud, como travieso
Mozo que las corteja, entre las hojas,
Y en el pino
Rumor y majestad mi verso aprenda.
S�lo la noche del amor es digna.
La oscuridad, la soledad convienen.
Ya no se puede amar, �oh Margarita!
�GUILA BLANCA
De pie, cada ma�ana,
Junto a mi �spero lecho est� el verdugo.�
Brilla el sol, nace el mundo, el aire ahuyenta
Del cr�neo la malicia,�
Y mi �guila infeliz, mi �guila blanca
Que cada noche en mi alma se renueva,
Al alba universal las alas tiende
Y camino del sol emprende el vuelo.
Y silencioso el b�rbaro verdugo
De un nuevo golpe de pu�al le quiebra
El fuerte coraz�n cada ma�ana.
Y en vez del claro vuelo al sol altivo
Por entre pies, ensangrentada, rota,
De un grano en busca el �guila rastrea.
Oh noche, sol del triste, amable seno
Donde su fuerza el coraz�n revive,
Perdura, apaga el sol, toma la forma
De mujer, libre y pura, a que yo pueda
Ungir tus pies, y con mis besos locos
Ce�ir tu frente y calentar tus manos.
L�brame, eterna noche, del verdugo,
O dale, a que me d�, con la primera
Alba, una limpia y redentora espada.
Que con qu� la has de hacer? Con luz de estrellas!
HE VIVIDO: ME HE MUERTO...
He vivido: me he muerto: y en mi andante
Fosa sigo viviendo: una armadura
Del hierro montaraz del siglo octavo,
Menos, s�, menos que mi rostro pesa.
Al cr�neo inquieto lo mantengo fijo
Porque al rodar por tierra el mar de llanto
[............................], no asombre.
Quejarme, no me quejo: que es de lacayos
Quejarse, y de mujeres,
Y de aprendices de la trova, manos
Nuevas en liras viejas: �Pero vivo
Cual si mi ser entero en un agudo
Desgarrador sollozo se exhalara.�
De tierra, a cada sol mis restos propios
Recojo, en junto los apilo, a rastras
A la implacable luz y a los voraces
Hombres cual si viviesen los paseo:
Mas si frente a la luz me fuese dado
Como en la sombra donde duermo, al polvo
Mis disfraces echar, vi�rase s�bito
Un cuerpo sin calor venir a tierra
Tal como un monte muerto que en sus propias
Inanimadas faldas se derrumba.
He vivido: al deber jur� mis armas
Y ni una vez el sol dobl� las cuestas
Sin que mi lidia y mi victoria viere:�
Ni hablar, ni ver, ni pensar yo quisiera!
Cruzados ambos brazos, como en nube
Parda, en mortal sosiego me hundir�a.
De noche, cuando al sue�o a sus soldados
En el negro cuartel llama la vida,
La espalda vuelvo a cuanto vive: al muro
La frente doy, y como jugo y copia
De mis batallas en la tierra miro�
La rubia cabellera de una ni�a
Y la cabeza blanca de un anciano!
ESTROFA NUEVA
Cuando, oh Poes�a,
Cuando en tu seno reposar me es dado!�
Ancha es y hermosa y f�lgida la vida:
Que �ste o aqu�l o yo vivamos tristes,
Culpa de �ste o aqu�l ser�, o mi culpa!
Nace el corcel, del ala m�s lejano
Que el hombre, en quien el ala encumbradora
Ya en los ingentes brazos se dise�a:
Sin m�s brida el corcel nace que el viento
Espoleador y flameador,� al hombre
La vida echa sus riendas en la cuna!
Si las tuerce o revuelve, y si tropieza
Y da en atolladero, a s� se culpe
Y del incendio o del zarzal redima
La destrozada brida: sin que al noble
Sol y [.................] vida desaf�e.
De nuestro bien o mal autores somos,
Y cada cual autor de s�: la queja
A la torpeza y la deshonra a�ade
De nuestro error: cantemos, s�, cantemos
Aunque las hidras nuestro pecho roan
El Universo colosal y hermoso!
Un obrero tiznado, una enfermiza
Mujer, de faz enjuta y dedos gruesos:
Otra que al dar al sol los entumidos
Miembros en el taller, como una egipcia
Voluptuosa y feliz, la saya burda
Con las manos recoge, y canta, y danza:
Un ni�o que, sin miedo a la ventisca,
Como el soldado con el arma al hombro,
Va con sus libros a la escuela: el denso
Reba�o de hombres que en silencio triste
Sale a la aurora y con la noche vuelve
Del pan del d�a en la dif�cil busca,�
Cual la luz a Memn�n, mueven mi lira.
Los ni�os, versos vivos, los heroicos
Y p�lidos ancianos, los oscuros
Hornos donde en brid�n o trit�n truecan
Los hombres victoriosos las monta�as
Asti�nax son y Andr�maca mejores,
Mejores, si, que los del viejo Homero.
Naturaleza siempre viva: el mundo
De minotauro yendo a mariposa
Que de rondar el sol enferma y muere:
Dejad, por Dios, que la mujer cansada
De amar, con leche y menjurjes
Su piel rugosa y su verdad restaure,
Rep�ntense las viejas: la doncella
Con rosas naturales se corone:�
La sed de luz, que como el mar salado
La de los labios, con el agua amarga
De la vida se irrita: la columna
Compacta de asaltantes, que sin miedo,
Al Dios de ayer en los desnudos hombros
La mano libre y desferrada ponen,�
Y los ligeros pies en el vac�o,�
Poes�a son, y estrofa alada, y grito
Que ni en tercetos ni en octava estrecha
Ni en remilgados serventesios caben:
Vaciad un monte,� en tajo de Sol vivo
Tallad un plectro: o de la mar brillante
El seno rojo y nacarado, el molde
De la triunfante estrofa nueva sea!
Como nobles de N�poles, fantasmas
Sin carne ya y sin sangre, que en palacios
Muertos y oscuros con a�ejas chupas
De comido blas�n, a paso sordo
Andan, y al mundo que camina ense�an
Como un grito sin voz la seca enc�a,
As�, sobre los �rboles cansados,
Y los ciriales rotos, y los huecos
De oxidadas diademas, duendecillos
Con chupa vieja y metro viejo asoman!
No en tronco seco y muerto hacen sus nidos,
Alegres recaderos de ma�ana,
Las lindas aves, cuerdas y gentiles:
Ramaje quieren suelto y denso, y tronco
Alto y robusto, en fibra rico y savia.
Mas con el sol se alza el deber: se pone
Mucho despu�s que el sol: de la horner�a
Y su batalla y su fragor cansada
La mente plena en el rendido cuerpo,
Atormentada duerme, �como el verso
Vivo en los aires, por la lira rota
Sin dar sonidos desolado pasa!
Perdona, pues, oh estrofa nueva, el tosco
Alarde de mi amor. Cuando, oh Poes�a,
Cuando en tu seno reposar me es dado.
MUJERES
1
�sta, es rubia: �sa, oscura: aqu�lla, extra�a
Mujer de ojos de mar y cejas negras:
Y una cual palma egipcia alta y solemne
Y otra como un canario gorjeadora.
Pasan, y muerden: los cabellos luengos
Echan, como una red: como un juguete
La l�nguida beldad ponen al labio
Casto y febril del amador que a un templo
Con menos devoci�n que al cuerpo llega
De la mujer amada: ella, sin velos.
Yace, y a su merced; ��l, casto y mudo
En la inflamada sombra alza dichoso
Como un manto imperial de luz de aurora.
Cual un p�jaro loco en tanto ausente
En fr�gil rama y en menudas flores
De la mujer el alma travesea:
Noble furor enciende al sacerdote
Y a la insensata, contra el ara augusta
Como una copa de cristal rompiera:�
P�jaros, s�lo p�jaros: el alma
Su ardiente amor reserve al universo.
2
Vino hirviente es amor: del vaso afuera,
Echa, brillando al Sol, la alegre espuma:
Y en sus claras burbujas, desmayados
Cuerpos, rizosos ni�os, cenadores
Fragantes y amistosas alamedas
Y juguetones ciervos se retratan:
De joyas, de esmeraldas, de rub�es,
De �nices y turquesas y del duro
Diamante al fuego eterno derretidos,
Se hace el vino sat�nico: Ma�ana
El vaso sin ventura que lo tuvo
Cual comido de hienas, y espantosa
Lava mordente se ver� quemado.
3
Bien duerma, bien despierte, bien recline�
Aunque no lo reclino� bien de hinojos,
Ante un ni�o que llega el cuerpo doble
Que no se dobla a viles y a tiranos,
Siento que siempre estoy en pie: �si suelo
Cual del ni�o en los rizos suele el aire
Benigno, en los piadosos labios tristes
Dejar que vuele una sonrisa, �es fijo
As�, s�palo el mozo, as� sonr�en
Cuantos nobles y cr�dulos buscaron
El sol eterno en la belleza humana.
S�lo hay un vaso que la sed apague
De hermosura y amor: Naturaleza
Abrazos deleitosos, h�bleos besos
A sus amantes pr�diga regala.
4
Para que el hombre los tallara puso
El monte y el volc�n Naturaleza,�
El mar, para que el hombre ver pudiese
Que era menor que su cerebro,� en horno
Igual, sol, aire y hombres elabora.
Porque los dome, el pecho al hombre inunda
Con pardos brutos y con torvas fieras.
�Y el hombre, no alza el monte: no en el libre
Aire, ni en sol magn�fico se trueca:
Y en sus manos sin honra, a las sensuales
Bestias del pecho el coraz�n ofrece:
A los pies de la esclava vencedora:
El hombre yace, deshonrado, muerto.
ASTRO PURO
De un muerto, que al calor de un astro puro,
De paso por la tierra, como un manto
De oro sinti� sobre sus huesos tibios
El polvo de la tumba, al sol radiante
Resucit� gozoso, vivi� un d�a,
Y se volvi� a morir,� son estos versos:
Alma piadosa que a mi tumba llamas
Y cual la blanca luz de astros de Enero,
Por el palacio de mi pecho en ruinas
Entras, e irradias, y los restos fr�os
De los que en �l voraces habitaron
Truecas, oh maga! en candidas palomas:�
Esp�ritu, pureza, luz, ternura,
Aves sin pies que el ruido humano espanta,
Se�ora de la negra cabellera,
El verso muerto a tu presencia surge
Como a las dulces horas el roc�o
En el oscuro mar el sol dorado
Y �lzase por el aire, cuanto existe
Cual su manto en el vuelo recogiendo,
Y a ti llega, y se postra, y por la tierra
En colosales pliegues [...........]
Con majestad de p�rpura romana.
Bes� tus pies,� te vi pasar: Se�ora,
Perfume y luz tiene por fin la tierra!
El verso aquel que a dentelladas duras
La vida diaria y ruin me remord�a
Y en �speros retazos, de mis secos
Y codiciosos labios se exhalaba,
Ora triunfante y melodioso bulle,
Y como ola de mar al sol sereno
Bajo el espacio azul rueda en espuma:
Oh mago, oh mago amor!
Ya compa��a
Tengo para afrontar la vida eterna:
Para la hora de la luz, la hora
De reposo y de flor, ya tengo cita.
Esto diciendo, los abiertos brazos
Tendi� el cantor, como a abrazar. El vivo
Amor que su viril estrofa mueve
S�lo dur� lo que la estrofa dura:
Alma infeliz el alma ardiente, aqu�lla
En que el ascua m�s leve alza un incendio
[...........""..........] y el sue�o
Que vio esplender, y quiso asir, hundi�se
Como un �guila muerta: el �gneo, el [...]
Call�, brill�, volvi� solo a su tumba.
HOMAGNO AUDAZ
Homagno audaz, de tanto haber vivido
Con el alma, que quema, se mor�a.�
Por las c�ncavas sienes las canosas
Lasas guedejas le colgaban: hinca
Las silenciosas manos en los secos.
Muslos: los labios, como ofensa augusta
Al negro pueblo universal, horrible
Pueblo infeliz y hediondo de los Midas,
Junta como quien niega: y en los claros
Ojos de ansia y amor, que la vislumbre
De la muerte feliz, arroba, brilla
Como en selva nocturna hoguera blanca
La mirada caudal de un Dios que muere
Remordido de hormigas:
Suplicante
A sus llagados pies J�veno hermoso
Ti�ndese y llora; y en los negros ojos
Desolaci�n pat�tica le brilla:
No, no Homagno, �negras ropas visten
Las mujeres de estos tiempos! �en que�
Como hojas verdes en invierno, lucen:
Oh las mujeres, oh las necias, trajes
De rosas sin olor: �jub�n rosado,
Con trajes anchos de perlada seda:�
En los [...............] el galano
Talle le ci�en: �oh dime, dime Homagno,
De este palacio de que sales; dime
Qu� secreto conjuro la uva rompe
De las sabrosas mieles: di qu� llave
Abre las puertas del placer profundo
Que fortalece y embalsama: dilo,
Oh noble Homagno, a J�veno extranjero:�
La sublime piedad abri� los labios
Del moribundo noble musitando:
La llave quieres, J�veno, del mundo?
La llave de la fuerza, la del goce
Sereno y penetrante, la del hondo
Valor que a mundos y a villas,
Cual gigante amazona desaf�a;
La del escudo impenetrable, escudo
Contra la tentadora humana Infamia!
Yo ni de dioses ni de filtro tengo
Fuerzas maravillosas: he vivido,
Y la divinidad est� en la vida!:
�Mira si no la frente de los viejos!
Estr�chame la mano: no, no esperes
A que yo te la tienda: �yo sabia
Antes tenderla, de mi hermoso modo
Que envolv�a en sombra de amor el Universo!
Hoy, ya no puedo alzarla de la piedra
Donde me asiento: aunque el coraz�n
Plumas nuevas se viste y tiende el ala:
�No acaba el alma humana en este mundo!
Ya, cual bucles de piedra, en mi mondado
Cr�neo cuelgan mis �ltimos cabellos;
Pero debajo no! debajo vibra
Todo el fuego magn�fico y sonoro
Que mantiene la tierra!
Ven y toma
Esta mano que ha visto mucha pena!
Dicen que as� ver�s lo que yo he visto.
�Aprieta bien, aprieta bien mi mano!
Es bueno ir de la mano de los j�venes!:
�As�, de sombra a luz, crece la vida!
�D�jame divagar: la mente vaga
Como las nubes, madres de la tierra!
Mozo, ven, pues: ase mi mano y mira:
Aqu� est�n, a tus ojos, en hilera,
Fr�as y dormidas como estatuas, todas
Las que de amor el pecho te han movido:
�Las llaves falsas, J�veno, del cielo!
Una no m�s sencillamente lo abre
Como nuestro dominio: pero nota
C�mo estas barbas a la tierra llegan
Blancas y ensangrentadas, y a�n no topo
Con la que me pudiera abrir el cielo.
En cambio, mira a mi redor: la tierra
Est� amasada con las llaves rotas
Con que he probado a abrirlo: �y que �ste es todo
El mundo dicen los bellacos luego!
�Viene despu�s un cierto olor de rosa,
Un trono en una nube, un vuelo vago,
Y un aire y una sangre hecha de besos!
�Pompa de claridad la muerte miro!:
�Palpa cu�l, de pensarla, est�n calientes,
Finos, como si fuesen a una boda,
�giles como alas, y sedosos,
Como la mocedad despu�s del ba�o,
Estos bucles de piedra! Gru�es, gru�es
De estas cosas de viejo...
Ah� est�n todas
las mujeres que amaste; llaves falsas
Con que en vano echa el hombre a abrir el cielo.
Por la magia sutil de mi experiencia
Las miro como son: c�scaras todas,
Esta de n�car, cual la Aurora brinda,
Humo como la Aurora; �sta de bronce;
Marfil �sta; �sa �bano; y aquella
De esos diestros barrillos italianos
De diversos colores... �cuenta! Es fijo...
�Cu�ntos a�os cumpliste? Treinta? Es fijo
Que has amado, y es poco, a m�s de ciento:
�Se hacen muy f�cilmente, y duran poco,
Las estatuas de cieno! Gru�es, gru�es
De estas cosas de viejo...
A ver qu� tienen
Las c�scaras por dentro! �Abajo, abajo
Esa hermosa de n�car! �qu� riqueza
Viene al suelo de espalda y hombros finos!
�Parece una onda de �palo cuajada!
�Sube un aroma que perfuma el viento,�
Que me enciende la carne, que me anubla
El juicio, a tanta costa trabajado!:
Pero vu�lvela a diestra y a siniestra,
A la luna y el sol: no hay nada adentro!
Y en la de bronce �qu� hallas? �con que modo
Loco y ardiente buscas!: a�n humea
Esa de bronce en restos: �qu� has hallado
Que con espanto tal la echas en tierra?:
�Ah, lo que corre el duende negro: un cerdo!
Y �sa? �una u�a! Y ��sa? �ay! una piedra
M�s dura que mis bucles: la m�s terrible
Es esa de la piedra! Y �esta moza
Toda de colorines? saca! saca!
�Esta por coraz�n tiene un vasillo
Hueco, forrado en l�minas de modas!
Esa? nada! Esa? nada! Esa? Una doble
Dentadura, y manchado cada diente
De una sangre distinta: �mata, mata!
�Mata con el tal�n a esa culebra!
Y �sa? Una hamaca! Y ��sa, pues, la �ltima,
La postrer de las cien, qu� le has hallado
Que le besas los pies, que la rehaces
De prisa con tus manos, que la cubres
Con sus mismos cabellos, que la amparas
Con tu cuerpo, que te echas de rodillas?
�Qu� tienes? �qu� levantas en las manos
Lentamente como una ofrenda al cielo?
�Entra�as de mujer? No en vano el cielo
Con una luz tan suave se ilumina,
�Eso es arpa: eso es sol: [.........]!
�De cien mujeres, una con entra�as?
�Abr�zala! arreb�tala! con ella
Vive, que ser�s rey, doquier que vivas:
Cruza los bosques, que los lobos mismos
Su presa te dar�n, y acatamiento:
Cruza los mares, y las olas lomo
Blando te prestar�n; los hombres cruza
Que no te morder�n, aunque te juro
Que lo que ven lo muerden, y si es bello
Lo muerden m�s; y dondequier que muerden
Lo despedazan todo y envenenan.
Ya no eres hombre, J�veno, si hallaste
Una mujer amante! o no:� ya lo eres!
CRIN HIRSUTA
Que como crin hirsuta de espantado
Caballo que en los troncos secos mira
Garras y dientes de tremendo lobo,
Mi destrozado verso se levanta...?
S�,: pero se levanta! �a la manera
Como cuando el pu�al se hunde en el cuello
De la res, sube al cielo hilo de sangre:�
S�lo el amor engendra melod�as.
A LOS ESPACIOS
A los espacios entregarme quiero
Donde se vive en paz, y con un manto
De luz, en gozo embriagador henchido,
Sobre las nubes blancas se pasea,�
Y donde Dante y las estrellas viven.
Yo s�, yo s�, porque lo tengo visto
En ciertas horas puras, c�mo rompe
Su c�liz una flor,� y no es diverso
Del modo, no, con que lo quiebra el alma,
Escuchad, y os dir�: �viene de pronto
Como una aurora inesperada, y como
A la primera luz de primavera
De flor se cubren las amables lilas...
Triste de m�: cont�roslo quer�a
Y en espera del verso, las grandiosas
Im�genes en fila ante mis ojos
Como �guilas alegres vi sentadas.
Pero las voces de los hombres echan
De junto a m� las nobles aves de oro:
Ya se van, ya se van: ved c�mo rueda
La sangre de mi herida.
Si me ped�s un s�mbolo del mundo
En estos tiempos, vedlo: un ala rota.
Se labra mucho el oro, el alma apenas!�
Ved c�mo sufro: vive el alma m�a
Cual cierva en una cueva acorralada:�
Oh, no est� bien:
me vengar�, llorando!
P�RTICO
Frente a casas ruines, en los mismos
Sacros lugares donde Franklin bueno
Cit� al rayo y lo at�,� por entre truncos
Muros, cerros de piedras, boqueantes
Fosos, y los cimientos asomados
Como dientes que nacen a una enc�a
Un p�rtico gigante se elevaba.
Rondaba cerca de �l la muchedumbre
[............] que siempre en torno
De las f�bricas nuevas se congrega:
Cu�l, que �sta es siempre distinci�n de necios,
Absorto ante el tama�o: piedra el otro
Que no penetra el sol, y cu�l en ira,
De que fuera mayor que su estatura.
Entre el tosco andamiaje, y las nacientes
Paredes, el p�rtico [.......]
En un cr�neo sin tope parec�a
Un labio enorme, l�vido e hinchado.
Ruedas y hombres el aire sometieron:
Trepaban en la sombra: m�s arriba
Fueron que las iglesias: de las nubes
La f�brica magn�fica colgaron:
Y en medio entonces de los altos muros
Se vio el p�rtico en toda su hermosura.
MANTILLA ANDALUZA
Por qu� no acaba todo, ora que puedes
Amortajar mi cuerpo venturoso
Con tu mantilla, p�lida andaluza!�
No me averg�enzo, no, de que me encuentren
Clavado el coraz�n con tu peineta!
Te vas! Como invisible escolta, surgen
Sobre sus tallos frescos, a seguirte
Mis jardines sin mancha y mis claveles:
Te vas! Todos se van! y t� me miras,
Oh perla pura en flor, como quien echa
En honda copa joya resonante,�
Y a tus manos tendidas me abalanzo
Como a un cesto de frutas un sediento.
De la tierra mi esp�ritu levantas
Como el ave amorosa a su polluelo.
POETA
Como nacen las palmas en la arena,
Y la rosa en la orilla al mar salobre,
As� de mi dolor mis versos surgen
Convulsos, encendidos, perfumados.
Tal en los mares sobre el agua verde,
La vela hendida, el m�stil trunco, abierto
A las �vidas olas el costado
Despu�s de la batalla fragorosa
Con los vientos, el buque sigue andando.
Horror, horror! En tierra y mar no hab�a
M�s que crujidos, furia, niebla y l�grimas!
Los montes, desgajados, sobre el llano
Rodaban: las llanuras, mares turbios
En desbordados r�os convertidas,
Vaciaban en los mares; un gran pueblo
Del mar cabido hubiera en cada arruga:
Estaban en el cielo las estrellas
Apagadas: los vientos en jirones
Revueltos en la sombra, hu�an, se abr�an
Al chocar entre s�, y se despe�aban:
En los montes del aire resonaban
Rodando con estr�pito: en las nubes
Los astros locos se arrojaban llamas!
Ri� luego el sol: en tierra y mar lucia
Una tranquila claridad de boda:
Fecunda y purifica la tormenta!
Del aire azul colgaban ya, prendidos
Cual gigantescos tules, los rasgados
Mantos de los crespudos vientos, rotos
En el fragor sublime. Siempre quedan
Por un buen tiempo luego de la cura
Los bordes de la herida, sonrosados!
Y el barco, como un ni�o, con las olas,
Jugaba, se mec�a, traveseaba.
ODIO EL MAR
Odio el mar, s�lo hermoso cuando gime
Del barco domador bajo la hendente
Quilla, y como fant�stico demonio,
De un manto negro colosal tapado,
Enc�rvase a los vientos de la noche
Ante el sublime vencedor que pasa:�
Y a la luz de los astros, encerrada
En globos de cristales, sobre el puente
Vuelve un hombre impasible la hoja a un libro.
Odio el mar: vasto y llano, igual y fr�o
No cual la selva hojosa echa sus ramas
Como sus brazos, a apretar al triste
Que herido viene de los hombres duros
Y del bien de la vida desconf�a,
No cual honrado luchador, en suelo
Firme y seguro pecho, al hombre aguarda
Sino en traidora arena y movediza,
Cual serpiente letal.� Tambi�n los mares,
El sol tambi�n, tambi�n Naturaleza
Para mover el hombre a las virtudes,
Franca ha de ser, y ha de vivir honrada.
Sin palmeras, sin flores, me parece
Siempre una tenebrosa alma desierta.
Que yo voy muerto, es claro: a nadie importa
Y ni siquiera a m�: pero por bella
�gnea, varia, inmortal amo la vida.
Lo que me duele no es vivir: me duele
Vivir sin hacer bien. Mis penas amo,
Mis penas, mis escudos de nobleza.
No a la pr�vida vida har� culpable
De mi propio infortunio, ni el ajeno
Goce envenenar� con mis dolores.
Buena es la tierra, la existencia es santa.
Y en el mismo dolor, razones nuevas
Se hallan para vivir, y goce sumo,
Claro como una aurora y penetrante.
Mueran de un tiempo y de una vez los necios
Que porque el llanto de sus ojos surge
Lo imaginan m�s grande y m�s hermoso
Que el cielo azul y los repletos mares!�
Odio el mar, muerto enorme, triste muerto
De torpes y glotonas criaturas
Odiosas habitado: se parecen
A los ojos del pez que de harto expira
Los del ga��n de amor que en brazos tiembla
De la horrible mujer libidinosa:�
Vilo, y lo dije: �algunos son cobardes,
Y lo que ven y lo que sienten callan:
Yo no: si hallo un infame al paso m�o,
D�gole en lengua clara: ah� va un infame,
Y no, como hace el mar, escondo el pecho.
Ni mi sagrado verso nimio guardo
Para tejer rosarios a las damas
Y m�scaras de honor a los ladrones:
Odio el mar, que sin c�lera soporta
Sobre su lomo complaciente, el buque
Que entre m�sica y flor trae a un tirano.
NOCHE DE MAYO
Con un astro la tierra se ilumina:
Con el perfume de una flor se llenan
Los �mbitos inmensos: como vaga,
Misteriosa envoltura, una luz tenue
Naturaleza encubre, �y una imagen
Misma, del linde en que se acaba, brota
Entre el humano batallar. Silencio!
En el color, oscuridad! Enciende
El sol al pueblo bullicioso, y brilla
La blanca luz de luna! �En los ojos
La imagen va, �porque si fuera buscan
Del vaso herido la admirable esencia,
En haz de aromas a los ojos surge:�
Y si al peso del p�rpado obedecen,
Como flor que al plegar las alas plega
Consigo su perfume, en el solemne
Templo interior como lamento triste
La p�lida figura se levanta!
Divino oficio!: el Universo entero,
Su forma sin perder, cobra la forma
De la mujer amada, y el esposo
Ausente, el cielo p�stumo adivina
Por el casto dolor purificado.
BANQUETE DE TIRANOS
Hay una raza vil de hombres tenaces
De s� propio inflados, y hechos todos,
Todos, del pelo al pie, de garra y diente:
Y hay otros, como flor, que al viento exhalan
En el amor del hombre su perfume.
Como en el bosque hay t�rtolas y fieras
Y plantas insect�voras y pura
Sensitiva y clavel en los jardines.
De alma de hombres los unos se alimentan:
Los otros su alma dan a que se nutran
Y perfumen su diente los glotones,
Tal como el hierro fr�o en las entra�as
De la virgen que mata se calienta.
A un banquete se sientan los tiranos
Donde se sirven hombres; y esos viles
Que a los tiranos aman, diligentes
Cerebro y coraz�n de hombres devoran:
Pero cuando la mano ensangrentada
Hunden en el manjar, del m�rtir muerto
Surge una luz que les aterra, flores
Grandes como una cruz s�bito surgen
Y huyen, rojo el hocico, y pavoridos
A sus negras entra�as los tiranos.
Los que se aman a s�: los que la augusta
Raz�n a su avaricia y gula ponen:
Los que no ostentan en la frente honrada
Ese cinto de luz que el yugo funde
Como el inmenso sol en ascuas quiebra
Los astros que a su seno se abalanzan:
Los que no llevan del decoro humano
Ornado el sano pecho: los menores
Y segundones de la vida, s�lo
A su goce ruin y medro atentos
Y no al concierto universal.
Danzas, comidas, m�sicas, harenes,
Jam�s la aprobaci�n de un hombre honrado.
Y si acaso sin sangre hacerse puede
H�gase... cl�valos, cl�valos
En el horc�n m�s alto del camino
Por la mitad de la villana frente,
A la grandiosa humanidad traidores.
Como implacable obrero
Que un f�retro de bronce clavetea,
Los que contigo
Se parten la naci�n a dentelladas.
COPA CON ALAS
Una copa con alas: qui�n la ha visto
Antes que yo? Yo ayer la vi! Sub�a
Con lenta majestad, como quien vierte
�leo sagrado: y a sus dulces bordes
Mis regalados labios apretaba:�
Ni una gota siquiera, ni una gota
Del b�lsamo perd� que hubo en tu beso!
Tu cabeza de negra cabellera
�Te acuerdas?� con mi mano requer�a,
Porque de mi tus labios generosos
No se apartaran.�Blanda como el beso
Que a ti me transfund�a, era la suave
Atm�sfera en redor; la vida entera
Sent� que a m� abranz�ndote, abrazaba!
Perd� el mundo de vista, y sus ruidos,
Y su envidiosa y b�rbara batalla!
Una copa en los aires ascend�a
Y yo, en brazos no vistos reclinado
Tras ella, asido de sus dulces bordes
Por el espacio azul me remontaba!�
Oh amor, oh inmenso, oh acabado artista:
En rueda o riel funde el herrero el hierro:
Una flor o mujer o �guila o �ngel
En oro o plata el joyador cincela:
T� s�lo, s�lo t�, sabes el modo
De reducir el Universo a un beso!
�RBOL DE MI ALMA
Como un ave que cruza el aire claro
Siento hacia m� venir tu pensamiento
Y ac� en mi coraz�n hacer su nido.
�brese el alma en flor: tiemblan sus ramas
Como los labios frescos de un mancebo
En su primer abrazo a una hermosura:
Cuchichean las hojas: tal parecen
Lenguaraces obreras y envidiosas,
A la doncella de la casa rica
En preparar el t�lamo ocupadas:
Ancho es mi coraz�n, y es todo tuyo:
Todo lo triste cabe en �l, y todo
Cuanto en el mundo llora, y sufre, y muere!
De hojas secas, y polvo, y derruidas
Ramas lo limpio: bru�o con cuidado
Cada hoja, y los tallos: de las flores
Los gusanos del p�talo comido
Separo: oreo el c�sped en contorno
Y a recibirte, oh p�jaro sin mancha!
Apresto el coraz�n enajenado!
LUZ DE LUNA
Esplend�a su rostro: por los hombros
Rubias guedejas le colgaban: era
Una caricia su sonrisa: era
Ciego de nacimiento: parec�a
Que ve�a: tras los p�rpados callados
Como un lago tranquilo el alma exenta
Del horror que en el mundo ven los ojos,
Sus apacibles aguas deslizaba:�
Tras los p�rpados blancos se ve�an
Aves de plata, estrellas voladoras,
En unas grutas p�lidas los besos
Risue�os disput�ndose la entrada
Y en el dorso de cisnes navegando
Del ciego fiel los pensamientos puros.
Como una rama en flor al sosegado
R�o silvestre que hacia el mar camina,
Una afable mujer se asom� al ciego:
Tembl�, encendi�se, se cubri� de rosas,
Y las p�lidas manos del amante
Bes� cien veces, y llen� con ellas:�
En la misma guirnalda entrelazados
Pasan los dos la generosa vida:
Tan grandes son las flores, que a su sombra
Suelen dormir la prolongada siesta.
Cual quien enfrena un potro que husmeando
Campo y batalla, en el portal sujeto
Mira, como quien muerde, al amo duro,�
As�, rebelde a veces, tras sus ojos
El pobre ciego el alma sujetaba:�
��Oh, si vieras! �los necios le dec�an
Que no han visto en sus almas �oh si vieras
Cuando sobre los trigos requemados,
Su ej�rcito de rayos el sol lanza,
C�mo chispean, c�mo relucen, c�mo,
Asta al aire, el hinchado campamento
Los cascos mueve y el plum�n lustrosos.
Si vieras c�mo el mar, roto y negruzco
Vuelca al barco infeliz, y encumbra al fuerte;
Si vieses, infeliz, c�mo la tierra
Cuando la luna llena la ilumina
Desposada parece que en los aires
Buscando va, con planta perezosa,
La casa florecida de su amado.
�Ha de ser, ha de ser como quien toca
La cabeza de un ni�o!�
�Calla, ciego:
Es como asir en una flor la vida�.
De s�bito vio el ciego; esta que esplende,
Dij�ronle, es la luna; mira, mira
Qu� mar de luz: abismos, ruinas, cuevas,
Todo por ella casto y blando luce
Como de noche el pecho de las t�rtolas!
�Nada m�s? �dijo el ciego, y retornando
A su amada celosa los ya abiertos
Ojos, bes�le la temblante mano
Humildemente, y d�jole:
�No es nueva,
Para el que sabe amar, la luz de luna.
FLOR DE HIELO
Al saber que era muerto Manuel Ocaranza
M�rala: Es negra! Es torva! Su tremenda
Hambre la azuza. Son sus dientes hoces;
Antro su frente; secadores vientos
Sus h�litos; su paso, ola que traga
Huertos y selvas; sus manjares, hombres.
Viene! escondeos, oh caros amigos,
Hijo del coraz�n, padres muy caros!
Do asoma, quema; es sorda, es ciega: �El hambre
Ciega el alma y los ojos. Es terrible
El hambre de la Muerte!
No es ahora
La generosa, la clemente amiga
Que el muro rompe al alma prisionera
Y le abre el claro cielo fortunado;
No es la dulce, la pl�cida, la p�a
Redentora de tristes, que del cuerpo,
Como de huerto abandonado, toma
El alma adolorida, y en m�s alto
Jard�n la deja, donde blanda luna
Perpetuamente brilla, y crecen s�lo
En v�stagos en flor blancos rosales:
No la esposa evocada; no la eterna
Madre invisible, que los anchos brazos,
Sentada en todo el �mbito solemne,
Abre a sus hijos, que la vida agosta;
Y a reposar y a reparar sus br�os
Para el fragor y la batalla nueva
Sus cabezas ign�feras reclina
En su puro y jovial seno de aurora.
No: aun a la diestra del Se�or sublime
Que envuelto en nubes, con sonora planta
Sobre cielos y c�spides pasea;
Aun en los bordes de la copa d�vea
En colosal monta�a trabajada
Por tallador cuyas tundentes manos
Hechas al rayo y trueno fragorosos
Como barro sutil la roca her�an;
Aun a los lindes del gigante vaso
Donde se bebe al fin la paz eterna,
El mal, como un insecto, sus oscuros
Anillos mueve y sus antenas clava
Artero en los sedientos bebedores!
Sierva es la Muerte: sierva del callado
Se�or de toda vida: salvadora
Oculta de los hombres! Mas el �gneo
Due�o a sus siervos implacable ordena
Que hasta rendir el postrimer aliento
A la sombra feliz del mirto de oro,
El bien y el mal el seno les combatan;
Y s�lo las eternas rosas ci�e
Al que a sus mismos ojos el mal torvo
En batalla final convulso postra.
Y p�o entonces en la seca frente
Da aqu�l, en cuyo seno poderoso
No hay muerte ni dolor, un largo beso.
Y en la Muerte gentil, la Muerte misma,
Lidian el bien y el mal...! Oh due�o rudo,
A rebeli�n y a admiraci�n me mueve
Este misterio del dolor, que pena
La culpa de vivir, que es culpa tuya
Con el dolor tenaz, martirio nuestro!
�Es tu seno quiz� tal hermosura
Y el placer de domar la interna fiera
Gozo tan vivo, que el martirio mismo
Es precio pobre a la final delicia?
�Hora tremenda y criminal �oh Muerte�
Aquella en que en tu seno generoso
El hambre ardi�, y en el ilustre amigo
Seca posaste la tajante mano!
No es, no, de tales v�ctimas tu empresa
Poblar la sombra! De cansados ruines,
De ancianos laxos, de guerreros flojos
Es tu oficio poblarla, y en tu seno
Rehacer al viejo la gastada vida
Y al soldado sin fuerzas la armadura.
Mas el taller de los creadores sea,
Oh Muerte! de tus hambres reservado!
Hurto ha sido; tal hurto, que en la sola
Casa, su pueblo entero los cabellos
Mesa, y su triste amigo solitario
Con gestos grandes de dolor sacude,
Por �l clamando, la callada sombra!
Dime, torpe hurtadora, di el oscuro
Monte donde tu recia culpa amparas;
Y donde con la selva seca en torno
Cual cabellera de tu cr�neo hueco,
En lo profundo de la tierra escondes
Tu generosa v�ctima! Di al punto
El antro, y a sus puertas con el pomo
Llamar� de mi espada vengadora!
Mas, ay! que a do me vuelvo? Qu� soldado
A seguirme vendr�? Capua es la tierra,
Y de orto a ocaso, y a los cuatro vientos,
No hay m�s, no hay m�s que infames desertores,
De pie sobre sus armas enmohecidas
En rellenar sus arcas afanados.
No de m�rmol son ya, ni son de pro,
Ni de piedra tenaz o hierro duro
Los divinos magn�ficos humanos.
De algo m�s torpe son: jaulas de carne
Son hoy los hombres, de los vientos crueles
Por mantos de oro y p�rpura amparados,�
Y de la jaula en lo interior, un negro
Insecto de ojos �vidos y boca
Ancha y febril, retoza, come, r�e!
Muerte! el crimen fue bueno: guarda, guarda
En la tierra inmortal tu presa noble!
[1882]
CON LETRAS DE ASTROS
Con letras de astros el horror que he visto
En el espacio azul grabar querr�a.
En la llanura, muchedumbre: �en lo alto
Mientras que los de abajo andan y ruedan
Y sube olor de frutas estrujadas,
Olor de danza, olor de lecho, en lo alto
De pie entre negras nubes, y en sus hombros
Cual principio de alas se descuelgan,
Como un monarca sobre un trono, surge
Un joven bello, p�lido y sombr�o
Como estrella apagada, en el izquierdo
Lado del pecho v�sele abertura
Honda y boqueante, bien como la tierra
Cuando de cuajo un �rbol se le arranca.
Abal�nzase, apri�tanse, rec�gense,
Ante �l, en negra tropa, toda suerte
De fieras, anca al viento, y bocas juntas
En una inmensa boca, �y en bordado
Plato de oro bru�ido y perlas finas
Su coraz�n el bardo les ofrece.