Tacuruses de:
Serafín J. García
(primera parte)
WEBMASTER: Justo S. Alarcón

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ÍNDICE
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Dedicaciones ALVERTENCIA
EJEMPLO HOMBRADA
ORACIÓN OREJANO
JUSTICIA CASTIGO
ESCARMIENTO DEFENSA
SEPARACIÓN RECLARANDO

~~~~~~~~
PRIMERA PARTE

A SOFIA CORREA,

porque supo ser la madre que yo necesitaba.
Por su ternura, que restañó mis tristezas.
Por su tristeza, que incubó mis rebeldías.

S. J. G.

Treinta y Tres, 1935.


A BLANCA,

mi compañera en el esfuerzo y el sueño,
en la lucha y la esperanza. A ella que, como yo,
procede de la entraña desgarrada del campo,
y conoce la raíz de su angustia
y el obstruido rumbo de su llama.

S. J. G.

Montevideo, 1942.

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ALVERTENCIA

Sobre'l lomo potro de mi campo crudo
-que nunca ha sentido de un arao la marca-,
prontos pa meyarles el filo a las rejas
estos altaneros tacuruses se alzan.

Son como celosos troperos que rondan,
engüeltos en ponchos de chilcas bagualas,
la tropa orejana de mis pensamientos,
mis libres ideas, mis chúcaras ansias.

Brujones que prueban el tiemple del campo,
perebas en ruda machés levantadas
que son pa mi orguyo lo qu'es pal de un gaucho
el surco que le abre de frente una daga.

Por eso al que quiera cruzar los potreros
sin triyos que tiene la estancia de mi alma,
le alvierto que debe tranquiar muy dispacio
si quiere librarse de alguna rodada...

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EJEMPLO

Venga p'acá, m'hija, no me tenga miedo:
venga, que su tata no va'castigarla
ni va'echarle'n cara tampoco lo qu'hiso,
porque sabe cierto que no jue por mala.

Ya basta de yantos, miremé de frente,
no tenga vergüenza de amostrar la cara,
que no es delito darse por cariño
y sentirse madre no es nunca una falta.

Venga y déame un beso. Su tata compriende
que usté ha cáido, m'hija, lo mesmo que tantas
que siendo inocentes, humildes y güenas,
s'entriegan enteras, en cuerpo y en alma.

Mozo él, usté moza, los dos juertes, sanos,
yenitos de vida ricién aclarada,
no vido él querencia mejor que sus brasos
ni usté sol más lindo qu'el de sus miradas.

Campiando ese cielo que tuitos campiamos
yevando'e baquianas a las esperansas,
creyeron hayarlo juntando sus bocas
y prendieron besos pa que s'estreyara.

Vino la dentrada de la primavera;
lucieron los cardos sus flores moradas;
bordonió el sumbido de los mangangases
y hubo contrapuntos de roncas chicharras.

Nació en los yuyales un aroma nueva
qu'el viento, travieso, mojó en las cañadas;
rosaos macachines garugó l'aurora
y en los espiniyos colgó el sol sus brasas.

Se oyó en las cuchiyas relinchar los potros
qu'iban retosando tras de la yeguada;
y olfatiando el aire, y escarbando el suelo,
con ansia salvaje baló la torada.

Se vido a los pájaros andar en parejas,
juntitos los picos, abiertas las alas,
amostrando a tuitos su amor baruyento,
madurao a cielo, sol desnudo y alba...

Y ustedes sintieron juego en las alterias;
cada beso, entonce', jué com'una brasa;
les hirvió por dentro la juersa'el istinto
y asina cumplieron la ley más sagrada.

¡No yore, canejo! ¡Si Tata Dios hiso
al macho y a la hembra pa que se ajuntaran,
y el cristiano, mesmo que cualquiera bicho,
debe hacer las cosas que Tata Dios manda!

No l'importe, m'hija, qu'el pago mermure
y ensucén su nombre los que la cren mala.
¡Más piores son esas que matan sus crías
pa poder asina seguir siendo honradas!

Cuando nasca su hijo, ¡que lo sepan tuitos!:
¡mamará en sus pechos, dormirá en su falda;
será su cachorro nomás, ande quiera,
pues ser madre, m'hija, no es nunca una falta!


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HOMBRADA

¡Mándensén mundar tuitos a la puta!
¡No quiero sabandijas en mi rancho!
¡P'aguantarle los secos a la pena
no precisa'e culeros el qu'es macho!

¡Vamos! ¡Juera de aquí, manga'e trompetas!
¡No esperen que los saque a rebencasos!
¡A mentir a otro lao! ¡A mí esas lástimas
sólo consiguen enyenarme de asco!

¡Si m'hija jué pa ustedes una pluma!
¡Si ustedes jueron los que la mataron
a juersa'e picotiar en su conduta
como en la oveja cáida los caranchos!

¡Dispués qu'eya, la pobre, tuvo el hijo,
como a perra sarnosa la cuerpiaron;
jué una brosa nomás, una largada;
sólo sirvió pa risa y pa estropajo!

¡Ninguno se acordó qu'eya era güena
-un alma'e Dios que a naides hiso daño-,
y aguantó la infelís, com'una marca,
el disprecio safao de tuito el pago!

¡Su nombre recorrió las pulperías
manosiao y babiao por los borrachos,
jué la farra'e las chinas en los bailes
y en las ruedas de mate de los ranchos!

Y aura que ya murió la pobrecita,
cansada de vivir hecha un pingajo,
¿tienen coraje pa venir tuavía
a lechuciar ande la'estoy velando?

¡Mándensén mudar tuitos! ¡Machos y hembras!
¡Aquí ya no hacen falta los caranchos!
¡A campiar a otro lao carnisas frescas
ande se puedan empachar pulpiando!

¡Juera de aquí, sotretas! ¿No me han óido?
¿'Tan esperando que los curta'laso?
¡Aquí ya'stá de más la chamichunga!
¡Ya no hay a quien sangrar en este rancho!

¡Juera de aquí! ¡Si pa velar su cuerpo
y darle sepoltura yo me basto!
¡Si no precisa agayas emprestadas
p'apechugar las penas el qu'es macho!

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ORACION

Tata Dios: yo no dudo que siás juerte;
que gobernés vos solo tierra y cielo;
que a tu mandao se apague'l rejucilo
y se amanse'l más potro de los vientos.

No dudo que haygas hecho esas estreyas
que sirven de candiles a los sueños,
y p'aliviar el luto de las noches
priendas la luna en su reboso negro.

No dudo que siás vos el que le puso
al colmiyo'e la víbora el veneno;
el que afiló las uñas de los tigres
y le dio juersa'l pico de los cuervos...

Pero dudo'e tu amor y tu justicia,
pues si juera verdá que sos tan güeno
no te hubieras yevao aqueya vida
qu'era pa mí más grande que tu cielo.

Vos sabés, Tata Dios, cómo la quise.
Eya jué'l sol que amaneció en mi pecho.
Por eya tuvo primavera mi alma
y echaron alas mis mejores sueños.

Eya era linda como las mañanas
cuando dispiertan yenas de gorjeos;
alegre como el ruido'e las colmenas;
graciosa como el'unco'e los esteros.

¡Y era tan güena, Tata Dios!... ¡Tan güena!
Nunca un rencor se cubijó en su pecho.
Pa tuitos tuvo corasón sin trancas
rebosao de ternuras y de afetos.

Y creyó siempre'n vos: tuitas las noches
s'endulsaba en su boca el Padre Nuestro,
mientras su almita'e pájaro aletiaba
ofertándose entera en cada reso.

¡Y tuviste coraje pa matarla!
¿No pensaste que yo tamién juí güeno,
que no meresco este dolor que sangra
la herida siempre viva'e su ricuerdo!

¿Cómo no viá dudar de tu justicia?
¿Cómo viá crer que tengas sentimiento
si vos, provalecido de tu juersa,
nos quitás siempre lo que más queremos?

¿Pa qué nos diste corasón, entonce'?
¿Pa qué nos esigís que siamos güenos,
si nos encariñás con este mundo
y en él ponés nomás que sufrimientos?

¿Cres que consuela tu promesa'e gloria?
Si aquí and'hemos nacido, ande queremos,
nos negás el derecho'e ser dichosos,
¡no sé pa qué nos va'servir tu cielo!

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OREJANO

Yo sé qu'en el pago me tienen idea
porque a los que mandan no les cabresteo;
porque dispreciando las güeyas ajenas
sé abrirme caminos pa dir ande quiero.

Porque no me han visto lamber la coyunda
ni andar hocicando p'hacerme de un peso,
y saben de sobra que soy duro'e boca
y no me asujeta ni un freno mulero.

Porque cuando tengo que cantar verdades,
las canto derecho nomás, a lo macho,
aunq'esas verdades amuestren bicheras
ande naide creiba que hubiera gusanos.

Porque al copetudo de riñón cubierto
-pa quien n'usa leyes ningún comisario-
lo trato lo mesmo que al que sólo tiene
chiripá de bolsa pa taparse'l rabo.

Porque no m'enyenan con cuatro mentiras
los maracanases que vienen del pueblo
a elogiar divisas ya desmerecidas
y'hacernos promesas que nunca cumplieron.

Porque cuando truje mi china pal rancho
me olvidé que hay jueces p'hacer casamientos,
y que nada vale la mujer más güena
si su hombre por eya no ha pagao derecho.

Porque a mis gurises los he criao infieles
aunqu'el cura grite qu'irán al infierno,
y digo ande cuadre que pa nada sirven
los que sólo viven pirichando el cielo.

Porque aunque no tengo ni en qué cáirme muerto
soy más rico qu'esos que agrandan sus campos
pagando en sancochos de tumba reseca
al pobre pión, qu'echa los bofes cinchando.

¡Por eso en el pago me tienen idea!
¡Porqu'entre los ceibos estorba un quebracho!
¡Porque a tuitos eyos les han puesto marca
y tienen envidia de verme orejano!

¿Y a mí qué m'importa? ¡Soy chúcaro y libre!
¡No sigo a caudiyos ni en leyes me atraco!
¡Y voy por los rumbos clariados de mi antojo
y a naides preciso pa ser mi baquiano!

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JUSTICIA

Como manada'e perros cimarrones
cuando topa una res flaca y sin juersas,
lo cargó entropiyao el milicaje
sin darle tiempo ni a maniar la oveja.

Y los corvos ganosos se cimbraron
en el lomo del gaucho,
mientras juía trepada en el pampero
la vos enronquecida'el comisario.

Atao con maniador de cuero crudo
po'abajo'e la barriga del cabayo,
tosiendo sangre, reventao a golpes,
pa las guascas dispués con él tocaron.

Del pescueso en la barra
pasó la noch'entera,
judiao po'el cuartelero, que al sentirlo
clamar de sé, le daba salmuera...

Y al otro día un jues empalagoso
s'esplayó hablando'e leyes y delitos,
y a la sombra mandó que lo tuvieran
una punta de meses, por castigo.

No tuvo en cuenta qu'el caudiyo'el pago,
por cuestiones de pelos,
lo había echao al paisano de su estancia,
and'estaba ganándose'l puchero.

Ni qu'el hombre, campiando otro conchabo
sin poder conseguirlo,
había yegao al punto'e rebajarse
mendigando una achura pa sus hijos.

Ni qu'el dueño'e la oveja que robara
tenía la burra rebosando'e libras,
y una punta d'estancias tan pobladas
que ni él mismo su hacienda conocía.

Y qu'en cambio en el rancho del paisano
-un sucucho sin juego y sin abrigo-
yoraban tres gurises inocentes
galguiando de hambre y erisaos de frío...

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CASTIGO

¡Amuélensén! ¿Quién los mandó ser brutos?
¡Lo qu'hiso la gurisa'stá bien hecho!
¿O se pensaron que por ser sus padres
le podían gobernar los sentimientos?

Si eya juyó siguiendo al que quería
la culpa jué de ustedes, ¡qué canejo!
¡Aguanten el sogaso sin lomiarse
y apriendan pa otra ves no errar tan fiero!

Porqu'el moso era pobre y no podía
ofrecerle más nada que su afeto,
le trancaron la puerta en las narices
dispués de destratarlo como a negro.

¿Qu'importaba que juese'l preferido
si carecía de mentas y dinero,
y a la gurisa ustedes la querían
p'hacer negocio con su casamiento?

Creyeron que meniándole garrote
y hablándolé de honestidá y respeto,
iban a conseguir qu'escarmentase
y arrancase de su alma aquel afeto.

¿Ignoraban dejuro que al cariño
naide es quién pa quitarle sus derechos,
que no agarra po'el triyo que l'endilgan
ni acata leyes, porqu'es ley él mesmo?

¡Pucha! ¡Hay que ser escaso de carcume
pa no cáir en la cuenta'e que van muertos
los que cren que se puede asujetarlo
metiéndose al torsal en sus deseos!

¿Que la gurisa al dirse jué una ingrata?
¡'Tan muy enquivocaos! ¡Tenía el derecho
que tienen tuitos de vivir su vida
y si voló del nido jué por eso!

¿Que procedió com'una sinvergüensa
porque quiso ser libre y rompió el cepo?
¡Hubiera sido pior que se vendiera
por unas vacas o un puñao de pesos!

¡Amuélensén! ¡Lo que les acontece
les está bien empliao por avarientos!
¡Aguanten el sogaso sin lomiarse
y apriendan para otra ves no errar tan fiero!

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ESCARMIENTO

¿Sabe por qué me sucuché'n mi rancho
y vivo huraño y solo com'un bicho?
Porque ya tengo'e sobra con las cosas
qu'en el trato'e los hombres he aprendido.

Riciencita lindaba con los veinte
cuando salí'e mi pago,
vacido el tirador, pero de sueños
y de esperansa el corasón ricaso.

Creiba entonce'que tuitos los caminos
me tironiaban pa que los siguiera,
y qu'en la punta de cadáuno de eyos
había un mundo mejor que mi querencia.

Se me hacía robo qu'iba'topar gente
más güena y más derecha,
que si por un casual caíba en disgracia
m'iba'amparar sin indagar quién era.

Como había óido decir, cuando cachorro,
que a tuitos Tata Dios nos hiso iguales,
y véia qu'en mi pago no era asina
porque había siempre diferiencia'e riales,

carculaba que diéndome hayaría
lo que me cencerriaba la esperansa:
un pago ande los hombres
a juersa'e corasón s'emparejaran...

¡Pero di ande! ¡Si vide en tuitas partes
la mesma vida puerca qu'en mis canchas!:
los de arriba, viviendo pa eyos solos;
los de abajo, hermanaos por la disgracia.

Hombres que mientras'taban en el yugo
eran igual que güeyes de tan mansos,
y en cuanto pelechaban se golvían
los piores enemigos de los cáidos.

Y po'ande quiera gente fayutasa,
sin lialtá ni concencia,
amiga de adular y de cargarse
siempre pal lao del sol que más calienta...

¡Como p'andar en tratos con los hombres
dispués de lo qu'he visto!
¡Vale más sucucharse'n una cueva
y vivir apartao como los bichos!

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DEFENSA

Jué'n el monte, a la hora'e siesta.
Almariaba la fragancia de arrayanes y espiniyos.
Y en sus flores menuditas, los golosos mangangases
chupetiaban con angurria de gurises mal comidos.

'Taba'e fiesta el bicherío: cardenales y sabiases
retosaban, picotiando los cambuises renegridos;
con cuscuses amorosos se yamaban las torcasas
y el sol fréia las chicharras en los secos espartiyos.

En la oriya'e la laguna las mojarras, en cardume',
amostraban a flor de agua su platiao escamerío,
y los tábanos hambrientos, atisaos por el mormaso,
se crusaban desinquietos, mesturando sus sumbidos...

Jué'n el monte, a la hora'e siesta.
Nos topamos casualmemte, por antojo del destino.
N'hubo un ape de malicia ni de cárculo en aqueyo.
El culpable de tu cáida no es más naide qu'el istinto.

¿Te acordás? Vos, en cluquiyas a la sombra de un matáojo,
remangao hasta las corvas el percal del vestidito
y enseñando el espumiante puntiyaje de las'naguas,
palmetiabas unas ropas, talariando un estilito.

Yo, que había hecho munchas leguas de un tirón,
apeligrando con aquel solaso bruto agenciarme un tabardiyo,
dentré al monte pitanguiando, p'apagar la sé del viaje
y dar tiempo a mi lobuno de tomarse un resueyito.

Y te vide, y en mi sangre
corcovió desatinada la potrada del istinto;
y mis ojos se pegaron como brasas a tus pechos
que s'hinchaban provocantes entre'l cepo del corpiño...

Vos tamién, ¿pa qué negarlo?, vos tamién ardiste yama;
como víbora el deseo s'enroscó en tu cuerpo lindo,
y jué asina que mesclamos, redepente, sin hablarnos,
el enjambre baruyento de tus besos y los míos...

Nos quisimos sin tabujos ni metiras, cara al cielo,
baj'un sol que achicharraba la barbasa'e los blanquiyos,
y tuvimos pa querernos la inocencia de los pájaros
qu'endulsaron las caricias con la música'e sus trinos.

¿Por qué entonce'vos yorastes al salir d'entre mis brasos,
reprochándome'el haberte deshonrao y envilecido,
y me juís dende aquel día con el miedo con que juyen
las cachilas, cuando avistan un halcón ronciando el nido?

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SEPARACION

Tenés razón, chirusa, yo compriendo
que no podés seguir viviendo asina.
Andá nomás ande otro amor más moso
te oferta el camuatí de sus caricias.

Aquí, a mi lao, la yama de tus ojos
s'está gastando al ñudo, entristecida,
y apretao en el nido de tu boca
se va'entumir el pájaro'e la risa.

No hacemos güena junta, no podemos
seguir cinchando en vaca de la vida.
Los casales precisan ser parejos
pa que dure'l amor cuando se anidan.

Y el que formamos vos y yo es distinto.
Yo soy afeto a la melancolía,
amigo d'emponcharme'n el silencio
pa rondar amarguras escondidas...

Y vos, china, sos tuito lo contrario:
pa vos la vida es novedosa y linda;
tenés por corasón una calandria
que sólo sabe'l canto'e l'alegría.

¡Son tan desencontradas nuestras almas!...
La tuya es flor: precisa sol y avispas;
la mía es bicho'e lus: de día se apaga;
sólo de noche priende su estreyita.

Jué chambón el destino al apariarnos
pa tranquiar en coyera por la vida.
No bastaba mi amor cansao y viejo
pa tu ilusión ricién amanecida.

¿A qué porfiar? Conviene más abrirnos.
Mi cerrasón es triste y aburrida,
y con el riego escaso'e mi ternura
se va'murchar tu mocedá florida.

Andá nomás ande otro amor te yama.
No hacen liga tu sol y mi niblina.
Dejá este rancho ande hasta la guitarra
se ha contagiao de mi melancolía...

Andá sin miedo y sin remordimiento.
Yo no viá'certe ni un reproche, china.
Si ninguno'e los dos tiene la culpa,
¿pa qué agriar de rencor la despedida?

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RECLARANDO

Asina jué, don Jues, yo se lo afianso.
No se vaya'pensar que soy como esos
que les untan la mano
pa que reclaren cosas que no vieron.

Li hablo con propiedá, sin añidirle
ni mesquinarle ni un chiquito al hecho.
Sé cuála jué la causa de la güeva
y no le ñego aunque m'encajen preso.

El pique vino por cuestión de coimas:
usté sabe que dende qu'el pulpero
lo encargó'e las jugadas al coquimbo
el comisario no había visto un peso.

Y tampoco no inora
que tuito el día se tiraba el güeso,
y al monte y la primera, noche a noche,
caiba el gauchaje de capincho yeno.

¡Dejuro! El hombre, con tamaño abuso,
andaba más hinchao que un sapo escuerso.
Cebao dende hace añares a las coimas,
no le sentó ni un poquitito aqueyo.

Y anoche, como vido que no estaban
ni el coronel ni usté'n el entrevero,
le gustó p'agarrarnos de sospresa
y embarrarle'l pastel al forastero.

'Taba la indiada'e chamamé corrido:
tayaba el entenao de don Ruperto
y había un piernaje flor en el apunte,
d'esos que no se casan con los pesos.

Ni los mesmos caranchos habían óido
ruido de corvos ni toriar de perros
cuando el cuicaje nos ganó la puerta
y se sintió gritar: "¡'Tan tuitos presos!"

¡Viera usté qu'esparramo
de naipes y de latas por el suelo!
Era cosa de réirse, li asiguro.
Naide atinaba'nada con el sebo.

El comisario echó p'atrás el poncho
y se le jué a las barbas al ajeno,
diciendo qu'iba'deslomarlo a palos
pa que aprendiera'respetá'el gobierno.

Pero el moso, curtido como él solo,
retrucó muy orondo, sonriyendo,
que no era po'el gobierno l'amenasa
sinó qu'estaba l'ambición por medio.

Y letrao y de lengua más sobada
que cuero pa badana, el forastero
comensó a encarrerarle unas verdades
que lo dejaron atorao y ardiendo.

Usté sabe qu'el moso tiene mundo;
que cuando cayó aquí venía de adentro;
que jué tropero una ponchada de años
y hasta contrabandista, sigún creo.

Lo cierto jué que lo tapó a rasones
y entonce'l otro, en nombre del gobierno,
pa concluir di una ves con el asunto,
le descansó en las guampas el talero.

Lo demás ya lo sabe: un salto'e tigre,
el rejucilo di un facón certero,
una mojada sola pero cumba
y un preso más ¡y un albitrario menos!

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SEGUNDA PARTE